Reflections

Posted 18 October, 2017 by Guest Author

Diez caras de la censura / Dez rostos de censura

Este artigo também está disponível em português.

Este artículo fue escrito por Pedro Vaca Villareal. Este artículo fue editado mínimamente por claridad y longitud.

En los próximos meses, estaremos trabajando junto con aliados regionales en América Latina, como Ciudadano Inteligente, Ojo Público, TEDIC y FLIP, para desarrollar estrategias transfronterizas alrededor de desafíos de transparencia y rendición de cuentas en la región, reuniendo a actores en estos temas en un evento en Río de Janeiro en noviembre del 2017. Nos concentraremos en cuatro temas principales: la libertad de prensa, la impunidad, la seguridad organizacional y la influencia del sector privado en la política. Esta semana, nuestros aliados regionales compartirán sus respectivos pensamientos sobre los cuatro temas en esta serie.

Quienes defendemos la libertad de expresión y de prensa como un requisito de cualquier sociedad democrática no lo hacemos como custodios de un privilegio de periodistas y medios. Lo hacemos porque no existe un solo derecho humano que pueda ejercerse si no hay información disponible.

Piense en un derecho cualquiera: el voto, la vivienda, la alimentación, en la educación o la salud, quítele información para ejercerlo y encontrará miles de negocios por el privilegio de tener acceso a la información y millones de personas que padecen por carecer de insumos para ejercer sus derechos o reclamar su garantía.

El silencio es un mecanismo que a través de la historia ha demostrado su eficacia para la restricción de libertades civiles. El silencio, o el silenciamiento, es de gran utilidad para perpetuar el poder, es una fuente de acumulación de riqueza y terreno fértil para la corrupción.

Si la libertad de prensa es sinónimo de contrapeso democrático, la censura es combustible para la desigualdad.

La censura es una golosina de los poderosos en la sociedad, y cuando digo poderosos lo hago como un adjetivo que califica a los políticos, a las mafias y las estructuras organizadas de poder legal e ilegal derivando en un largo etcétera que pasa por contratistas sin ética fiscal o ambiental, personas e incluso Estados con intereses geopolíticos estratégicos, cuerpos policiales y militares corruptos, narcos, contrabandistas entre otros . El poder suele categorizarse entre derechas e izquierdas, liberales y revisionistas, divídanlos como les plazca, pero todos aplican con igual adicción la censura ante sus detractores y la propaganda frente a sus intereses. El ágora del debate público es entonces un lugar frágil, donde los ciudadanos, vistos como electores o como simples audiencias, son quienes o bien podrían beneficiarse de una deliberación pública robusta y libre, o asumir los costos sociales de las restricciones a la libertad de expresión.

A continuación, expondré diez ingredientes, que pueden ser leídos como desafíos simultáneos para la libertad de prensa en Latinoamérica.

    1. Violencia e Impunidad: Pareciera que estas líneas no se escribieran en el año 2017, pero sí, en América Latina el ejercicio de la libertad de expresión tiene como primer renglón de prioridad contener la violencia como retaliación a quien se expresa. Es grave la situación, y se torna aguda en países como México, Honduras, Guatemala, Colombia, Paraguay y Brasil. Hace más de 20 años se instaló una agenda de protección a periodistas que es útil para contener, pero no para eliminar los riesgos asociados a la prensa. Sólo hace unos siete años viene tomando fuerza una agenda de judicialización sobre la cual hay buenos propósitos, pero pobres resultados. De todas las caras de la censura la violencia es la más cruel.
    2. Acceso a la información: El paradigma cultural es simple: la información que produce y custodia el Estado es un privilegio, tiene tanto valor que es mejor conservarla en secreto. Su publicidad solo se dará con el beneplácito de un poderoso para hacer efectiva la zancadilla que tiene planeada. En tiempos ordinarios, según ellos, la información del Estado no nos pertenece. Frente a la transparencia del Estado, hay avances normativos derivados de la sentencia de la Corte Interamericana Claude Reyes Vs Chile, varios países se han sintonizado con leyes de Transparencia y de Acceso a la información que generan toda suerte de álbumes fotográficos en su discusión y sanción, y se vuelven comida de polillas de poca relevancia a la hora de ser implementadas.
    3. Ambiente favorable: Al ser un derecho humano, el termómetro de la libertad de expresión es susceptible de cambios alarmantes de conformidad con la actitud y el discurso de los liderazgos públicos con respecto a la prensa. Si desde los máximos representantes del Estado se ataca a la prensa, lo que sucede de allí en adelante no tiene un futuro saludable. Regímenes como el Venezolano y Nicaraguense, y tendencias como la Boliviana y Ecuatoriana son un claro ejemplo de las consecuencias nefastas que tiene para la democracia el hecho de que los gobernantes vean a la prensa y los medios, no como un contrapoder civil, sino como un enemigo democrático.
    4. Acoso judicial: La libertad de expresión tiene como plataforma el ágora de la discusión pública sobre asuntos de interés general. Sin embargo, algunos actores públicos optan por judicializar, e incluso criminalizar la crítica. Es común que figuras como la difamación, los procesos por injurias y calumnias sean utilizados por personalidades públicas para resguardar su reputación a través de la judicialización. Esto es grave porque se desconoce que los personajes públicos tienen que soportar una mayor carga de crítica, a eso se comprometieron. Y es grave porque en algunas ocasiones el poder judicial nos obliga a censurar las críticas que como poder civil podamos tener sobre los poderosos. En internet, el mal llamado “derecho al olvido” es un desastre para las democracias cuando es invocado por personalidades públicas. El gran riesgo es que nos condenen por vía judicial a la amnesia obligatoria.
    5. Pauta oficial: La gran promesa de la libertad de expresión es que el poder no tiene facultades de intromisión en lo que pensamos o decimos. La gran mentira es que buena parte de los ingresos de los medios de comunicación provienen del Estado y sus instituciones. Al no haber criterios y regulaciones claras para la distribución de la publicidad oficial, la orgía de presiones a la prensa toma su lugar. El dinero público no solo es muy importante en los ingresos de unos medios cada vez más cerca de la quiebra, es un ingrediente que modula el debate público, una herramienta de extorsión mutua que premia el silencio y castiga las críticas. Es probable que como sociedad nos cueste muchísimo más la información relevante que jamás recibiremos porque alguien ya pagó el precio del silencio.
    6. Autocensura: Como la relación entre quien se quiere expresar y el poder que quiere censurarlo es tan desigual, muchas veces el primero opta por ver el mundo a través de los anteojos de su censurador, decir lo que a éste le gustaría y callar hasta el olvido de la irrelevancia, aquello que le pueda molestar. En Colombia, que es el caso que mejor conozco, hay regiones donde ya no hace falta que amenacen a periodistas por la simple razón de que el proceso de censura fue tan exitoso que se domesticó el debate público, el periodista ya no incomoda ni es irreverente, ya no molesta a ningún poder.
    7. Pluralismo: Algunos le llaman concentración, pero en el fondo el problema es que no todas las voces de la sociedad cuentan con las mismas plataformas, la misma capacidad económica y la misma especialidad para expresarse y competir en igualdad de condiciones. Hay unas que tienen más volumen que otras y los silencios o sesgos de las primeras representan un costo enorme para las democracias. Un ecosistema de medios plural debe contemplar un sector comercial , comunitario , y público . La formulación de políticas para compensar esa ecuación es prioritaria, pero también impopular y riesgoso, eso hay que reconocerlo.
    8. Zonas silenciadas e información de cercanías: Un ecosistema mediático desbalanceado como el que nos caracteriza lleva a uno de dos escenarios, i) zonas silenciadas, en las que no existe democracia local porque no existen plataformas de discusión pública, o ii) una hiperconcentración de la atención pública sobre los “grandes asuntos nacionales” esto hace que un campesino sepa perfectamente bien cuales son las prioridades en su capital pero no cuente con insumos para estar al tanto de las políticas agrarias de su municipio, o la infraestructura que mejorará, o empeorará, su calidad de vida. El déficit de información de cercanías profundiza una brecha entre la ciudad y el campo, ricos y pobres, gobernantes y gobernados.
    9. Audiencias y autorregulación: a todas estas, el sujeto en el cual todos toman legitimidad: las audiencias para los medios y los ciudadanos para los políticos, tiene una voz subrepresentada. Las redes sociales están cambiando esa tendencia, pero venimos de una tradición en la que medios y poderosos invocan por igual a la gente para afianzar su poder sin que esa gente, las audiencias, tengan mucho que decir en el debate público más allá de participar en una encuesta o salir a votar y aportar a una estadística. Las sociedades más abiertas en términos de deliberación pública son aquellas en la que el Ombudsman de las audiencias existe y hay mecanismos reales de autorregulación de los medios.
    10. Internet: Renglón aparte merece esta red de redes que utilizamos tanto, conocemos tan poco, y tiene tanto potencial para la democracia si se garantizan derechos en la red o posibilidad de aumentar las brechas de desigualdad en el debate público. La gobernanza de internet, la privacidad de las comunicaciones, la asignación de responsabilidades que puedan afectar el rol de los diversos actores de internet, los algoritmos que organizan nuestras prioridades informativas, la jurisdicción difusa para dirimir controversias y el peso de poder desproporcionado en algunos actores, infraestructuras y gobiernos marcan un desafío convergente que aún está en construcción.

 

Dez rostos de censura


Este artigo foi escrito por Pedro Vaca Villarreal.

Restam poucos dias para o nosso evento ‘Enfoques transfronteiriços para os desafios de transparência e rendição de contas na América Latina’, no qual estamos colaborando com Ojo Público, Ciudadano Inteligente, TEDIC e FLIP, entre outros. Enquanto esperas, podes ler nossa reflexão sobre estes temas.

Nós que defendemos a liberdade de expressão e de imprensa como um requisito de qualquer sociedade democrática não o fazemos como guardiões de um privilégio do meio jornalístico, o fazemos porque não existe um só direito humano que possa ser exercido se não há informação disponível. Pense em qualquer direito: voto, habitação, alimentação, educação ou saúde, remova informações para exercê-lo e você encontrará milhares de empresas pelo privilégio de ter acesso a informações e milhões de pessoas que sofrem de falta de insumos para exercer seus direitos ou reivindicar sua garantia.

O silêncio ou o silenciamento é um mecanismo que através da história demonstrou sua eficácia para a restrição da liberdade civil, é de grande utilidade para perpetuar o poder, é uma fonte de acúmulo de riqueza e terreno fértil para a corrupção.

Se a liberdade de imprensa é sinónimo de contrapeso democrático, a censura é combustível para a desigualdade.

A censura é uma guloseima dos poderosos na sociedade, e quando digo poderosos o faço como adjetivo que qualifica aos políticos, as máfias e as estruturas organizadas de poder legal e ilegal derivando de um longo etc. que passa por empreiteiros sem ética fiscal ou ambiental, pessoas e inclusive Estados com interesses geopolíticos estratégicos, forças policiais e militares corruptos, traficantes, contrabandistas entre outros.  O poder costuma caracterizar-se entre direita e esquerda, liberais e conservadores, divida-os como quiser, mas todos aplicam com igual dependência a censura diante de seus detratores e a propaganda contra seus interesses.  O agora do debate público é então um lugar frágil, onde os cidadãos, vistos como eleitores ou como simples audiência, são aqueles que poderiam se beneficiar de uma deliberação pública robusta e gratuita, ou assumir os custos sociais das restrições à liberdade de expressão.

A seguir, exporei dez ingredientes, que podem ser tomados como desafios para a liberdade de imprensa na América Latina.

  1. Violência e Impunidade: Parece que essas linhas não foram escritas em 2017, mas sim, na América Latina, o exercício da liberdade de expressão tem como item prioritário conter a violência como retaliação àqueles que se expressam.  A situação é grave, e se torna aguda em países como México, Honduras, Guatemala, Colômbia, Paraguai e Brasil. Esta lista de países não isenta os outros, apenas enfatiza os lugares onde se permitem o ciclo vicioso onde a impunidade destes crimes só gera incentivos para que eles continuem a ser cometidos.  Há mais de 20 anos foi implementada uma agenda de proteção a jornalistas que é útil para conter, mas para não eliminar os riscos associados a imprensa. Apenas cerca de 7 anos atrás, está tomando força uma agenda de judicialização sobre a qual existem bons propósitos, mas resultados pobres. De todas as faces da censura a violência é a mais cruel e a impunidade é o bufão que por cumplicidade, temor, ou negligência, aplaude cada assassinato sorrindo ao próximo com a certeza de que nada vai parar a carnificina de jornalistas que protagonizamos.
  2. Acesso a informação: O paradigma cultural é simples: a informação que produz e protege o estado é um privilégio; tem tanto valor que é melhor mantê-la em segredo. Sua publicação só se dará com a aprovação de um poderoso para tornar eficaz a artimanha planejada. Em tempos comuns, segundo eles, a informação do Estado não nos pertence. Frente a transparência do Estado, existem avanços normativos derivados da sentença da Corte Interamericana Claude Reyes  vs Chile, vários países estão em sintonia com as leis de Transparência e de Acesso a informação que geram todos os tipos de álbuns fotográficos em sua discussão e sanção, e se tornam alimento de traças de pouca relevância na hora de serem implementadas.
  3. Ambiente favorável: Sendo um direito humano, o termômetro da liberdade de expressão é suscetível a mudanças alarmantes de acordo com a atitude e o discurso das lideranças públicas em relação à imprensa. Se os ataques a imprensa vem dos máximos representantes do Estado, o que acontece a partir daí não tem um futuro saudável. Regimes como o Venezuelano e Nicaraguense, e tendências como a Boliviana e Equatoriana são um claro exemplo das consequências nefastas que a democracia tem pelo fato de que os governantes veem a imprensa e as mídias, não como um contra poder civil, mas como um inimigo democrático. Os países mencionados são os mais famosos nesta vertente, mas o ambiente desfavorável que geram seus líderes não é uma exclusividade. A democracia mais liberal do continente na cabeça de Trump também nos mostra quão fácil e aterrorizante é um discurso que não tolera a crítica e que, antes de responder aos assuntos que lhe desfavorecem opta pela desqualificação pública e exigem a rejeição social. Isto não só é grave, é comum em todas as lideranças públicas, a diferença entre Maduro ou Trump e Macri ou Santos, é que os primeiros o fazem de forma permanente e os segundos a conta gotas, mas também o fazem.  
  4. Assédio judicial:  A liberdade de expressão tem como plataforma o agora da discussão pública sobre assuntos de interesse geral. No entanto, alguns atores públicos optam por perseguir, e até mesmo criminalizar a crítica. É comum que figuras como a difamação, os processos por injúria e calúnias sejam frequentemente utilizados por personalidades públicas para resguardar sua reputação através da judicialização. Isto é grave porque se desconhece que os personagens públicos tem que suportar uma maior carga de crítica, com isso se comprometeram. E é grave porque em alguns casos o poder judicial nos obriga a censurar as críticas que como poder civil podemos ter sobre os poderosos. Na internet, o mal chamado “direito ao esquecimento” é um desastre para as democracias quando é invocado por personalidades públicas. O grande risco é que nos condenem por via judicial à amnésia obrigatória.
  5. Pauta oficial: A grande promessa da liberdade de expressão é que o Estado (o poder) não tem poderes de intrusão no que pensamos ou dizemos. A grande mentira é que boa parte dos ingressos dos meios de comunicação vem do Estado e de suas instituições. Ao não ter critérios e regulamentos claros para a distribuição de publicidade oficial, a orgia de pressões a imprensa ocupa seu lugar. O dinheiro público não só é muito importante nos ingressos de um dos meios cada vez mais perto da falência, é um ingrediente que modula o debate público, uma ferramenta de extorsão mútua que premia o silêncio e castiga as críticas. É também uma fonte de autocensura em que não só devemos reclamar sobre a informação que nos chega, é provável que, como sociedade, nos custe uma informação muito mais relevante que nunca receberemos porque alguém já pagou o preço do silêncio.
  6. Autocensura: Como a relação entre quem quer se expressar e o poder que quer censurá-lo é tão desigual, muitas vezes o primeiro opta por ver o mundo através dos óculos do seu censurador, dizer o que ele gostaria e calar o esquecimento da irrelevância, qualquer coisa que possa incomodá-lo. Na Colômbia, que é o caso que melhor conheço, existem regiões onde já não é necessário ameaçar os jornalistas pelo simples motivo de que o processo de censura foi tão bem-sucedido que domesticou o debate público, o jornalista já não incomoda nem é irreverente, já não incomoda a nenhum poder.
  7. Pluralismo: Alguns o chamam de concentração, mas no fundo o problema é que nem todas as vozes da sociedade contam com as mesmas plataformas, a mesma capacidade económica e a mesma especialidade para se expressar e competir em igualdade de condições. Há alguns que têm mais volume que outros e os silêncios ou vieses das primeiras representam um custo enorme para as democracias. Um ecossistema de mídia pluralista deve contemplar um setor comercial (na América Latina é um setor forte, mas citadino que marginaliza os conteúdos das periferias), comunitário (na América Latina fraca e concentrada nas margens da tomada de decisões públicas), e pública (na América Latina cooptada pelas entidades governamentais e defenestrados a simples espaços de propaganda). A formulação de políticas para compensar essa equação é prioritária, mas também impopular e arriscada, isso temos que reconhecer. Com exceção do caso uruguaio, não existe um paradigma que tenha tentado sem incorrer em censura. Equador é talvez o caso mais aberrante de uma cura muito mais tóxica que a doença.  
  8. Zonas silenciadas e informação das proximidades: Um ecossistema midiático desequilibrado como os que nos caracterizam leva a um de dois cenários, i) zonas silenciadas, nas quais não existe democracia local porque não existem plataformas de discussão pública, ou ii) hiperconcentração da atenção pública sobre “grandes assuntos nacionais” isso faz que um camponês saiba perfeitamente bem quais são as prioridades na sua capital mas não conte com insumos para estar ciente das políticas agrárias do seu município, ou a infraestrutura que melhorará, ou agravará, sua qualidade de vida.  O déficit de informação nos subúrbios aprofunda o fosso entre a cidade e o campo, ricos e pobres, governantes e governados.
  9. Audiências e auto regulação: a todas estas, o sujeito no qual todos tomam legitimidade: as audiências para as mídias e os cidadãos para os políticos, tem uma voz sub-representada. As redes sociais estão mudando essa tendência, mas viemos de uma tradição na qual mídias e poderosos invocam igualmente as pessoas para fortalecer seu poder sem que essa gente, as audiências, tenham muito o que dizer no debate público além de participarem de uma pesquisa ou sair a votar e apoiar a uma estatística.  As sociedades mais abertas a mudanças em termos de deliberação pública são aquelas nas quais o Ombudsman das audiências existe e há mecanismos reais de auto regulação dos meios.  
  10. Internet: Um capítulo à parte merece essa rede de redes que usamos tanto, sabemos tão pouco e tem muito potencial para a democracia se garantimos direitos na rede ou possibilidade de aumentar as lacunas de desigualdade no debate público. Governança da Internet, privacidade das comunicações, alocação de responsabilidades que podem afetar o papel dos vários atores da internet, algoritmos que organizam nossas prioridades informativas, jurisdição difusa para resolver disputas e o peso desproporcional do poder em alguns atores, as infraestruturas e os governos marcam um desafio convergente que ainda está em construção.

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